CCC Tamanaco: Estructura de Vanguardia Destacado

A principios de los años 70 era impensable que la ciudad de Caracas tuviese un gran espacio comercial concebido bajo un concepto arquitectónico vanguardista y moderno. Sin embargo, la apertura del Centro Ciudad Comercial Tamanaco marcó un precedente que rememora el ingeniero Hugo Hernández  López como uno de los acontecimientos de dicha década ya que fue considerado el centro de compras más grande de Latinoamérica.

 

“Este centro comercial fue el más grande de Latinoamérica para su época ya que contaba con unos 480 mil metros cuadrados de construcción sin tomar en cuenta las mezzaninas” revela.

 

Recuerda el proyectista con más de 40 años de experiencia en ingeniería que “A principios del año 72, el arquitecto Diego Carbonell, entró en contacto conmigo para desarrollar el proyecto. Fue un grupo de aproximadamente 12 ingenieros que trabajamos las estructuras mecánicas, hidráulicas  y eléctricas en un periodo de más de 6 años. El anteproyecto del CCCT fue vanguardista, porque era una pirámide invertida lo que se debía construir y aunque tuvo ciertas modificaciones realizadas por exigencias de la junta propietaria, la edificación se convirtió en lo que hoy conocemos”.

Para dichos años, se produce una interesante alianza entre el arquitecto líder de este centro comercial, es decir, Diego Carbonell y un ingeniero estadounidense seleccionado por el grupo comercial Cada, corporación dirigida en aquel momento por el magnate industrial John Rockfeller. “Cristh Ramos, aportó todo el proyecto de la segunda etapa, que se realizó en la cuidad de  Kansas, Estados Unidos, y todos los planos venían en sepia y aquí se hacia la ingeniería estructural” precisa.

Agrega Hernández que el grupo de ingenieros venezolanos  proyectaron las rampas y que la construcción de la primera etapa se hizo a través de un  consorcio formado por tres empresas, Fibrocemento, Inversora Taca y la Constructora de los Hermanos González y que fue el ingeniero Francisco Pérez Rodríguez, hermano del ex Presidente Carlos Andrés Pérez quien se encargó de la inspección de la obra.

Comenta Hernández, que aunque actualmente se utilicen materiales más sofisticados en los malls de esta época, en esta ciudad comercial se utilizaron materiales de construcción como concreto de alta resistencia, cables que  fueron traídos de Inglaterra además de otros materiales de factura nacional como madera denominada Curarire de gran resistencia.

“Una anécdota es que Carbonell quería que viéramos como se levantaría levantaría la pirámide y un día llegó a la oficina con una torre de palitos engranados para dar una idea de lo que quería; y desde allí de manera muy seria comenzamos a asesorarnos con Delso Fortuol Padrón, un experto en ingeniería estructural y que estaba en aquel momento elaborando programas de computación para manejo de estructuras.  Este ingeniero realizó un programa espacial y dicha  pirámide fue analizada bajo este criterio”.

En todo el proyecto influyó mucho la cercanía del aeropuerto La Carlota, o Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, asevera el entrevistado, explicando que se tomaron en cuenta elementos como que el “cono de aproximación al aeropuerto cuya curva no permite mayor altura de la edificación.  La pirámide está condicionada a esa característica y se ideó de forma que el centro del edificio permitiera la entrada de luz y una fachada donde el piso de arriba le da sombra al de abajo”.

Innovador en su época

Uno de los aspectos que aún hace muy atractivo el CCCT para sus visitantes es su gran estacionamiento de más de 5 mil puestos, que es considerado el más grande de la capital venezolana.

“El CCCT fue concebido para ser visitado por automóviles, tanto así que la tienda Cada estaba diseñada para tener una especie de portal, donde la gente podía comprar, luego retirar su vehiculo y pasar frente a una correa transportadora que le llevaba las bolsas. Además apunta que el estacionamiento se hizo pensando en mujeres, por esta razón cuenta con espacios grandes para estacionarse” dice este ingeniero artífice de la mini ciudad comercial.

Afirma que la creación de grandes pasillos fue una tendencia arquitectónica mundial en los años 70, al igual construyeron pisos muy resbalosos para hacer que la gente caminara lentamente por sus áreas. También comenta que dispusieron de posiciones estratégicas para las escaleras mecánicas con la intención de que los visitantes pasaran obligatoriamente por el frente de diversas tiendas.

En el aspecto de establecimientos comerciales, afirma Hernández, que hubo originalmente un auge importante. “Cuando se inauguró la primera etapa, el metro cuadrado en locales costaba 2. 800 bolívares y las oficinas 1. 200 bolívares, siendo comercializado directamente por el Centro Comercial con su representante Oscar Torres Partidas”. Este precio del metro cuadrado para la década de los 70 representaba una elevada cantidad de dinero, sin embargo,  a pesar de los costos, al CCCT entraron las mejores marcas internacionales en ese momento.

“A las tiendas anclas se le llamaban magnetos, es decir, en un centro comercial siempre debería establecerse un automercado, una tienda por departamentos, bancos y farmacias. Aquí en el CCCT, además del Cada teníamos un Banco Latino y se estableció la primera agencia del Banco Hipotecario de Occidente y el Banco Unión se abrió en la segunda etapa. En cambio Beco, del grupo Blohm,  que fueron los propietarios del terreno donde se construyó el centro comercial, no quisieron abrir dicha tienda en los primeros años. En ese espacio funcionó durante mucho tiempo las oficinas de la corporación IBM. Hace apenas como 20 años se abrieron las puertas de Beco y se convirtió en una de las tiendas más visitadas de esa cadena a nivel nacional”.

Otro dato revelador de este icono comercial de los 70 y 80 es que la  primera feria de comida de Venezuela y Latinoamérica se abrió en sus espacios y fue una iniciativa del grupo comercial TropiBurger. “Había el proyecto para establecer multicines y una sala llamada Cine Casino pero en los años 90, el local fue adquirido para hacer unas oficinas, y el proyecto se detuvo”.

Actualmente, el Bingo Mayestic Way ocupa toda el área  de lo que fueron los multicines y lo que se proyectó como tercera etapa del CCCT. Puntualiza el ingeniero Hernández, a manera de conclusión, que “con los costos actuales no se hubiese podido construir este magnifico centro comercial y una obra arquitectónica como la pirámide que comprende la edificación. El CCCT cambió  por más de dos décadas el movimiento comercial caraqueño”.

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